miércoles, 30 de abril de 2014

LA OUIJA

      Teníamos miedo… estaba muy aterrorizada, no sabía qué hacer; entonces, me armé de valor y entré a esa pieza. Estaba rayada, no sé si era sangre o pintura roja, pero aun así tenía un olor raro; como a carne podrida. Me dieron ganas de vomitar, comencé a revisar y ahí estaba. Tenía los ojos arrancados, su pelo marrón estaba arañado y su cuerpo estaba intacto; aunque manchado por la supuesta pintura o sangre que tenía. Pensé en recogerla, pero la muñeca sentía odio y repulsión hacia mí, lo noté en su mirada, así que quedé parada al frente de ella. Estaba poseída.  No la entendía, entonces reflexioné y recordé que días antes había estado jugando a la ouija con unos amigos en aquella casa solitaria.
      Soy, o mejor dicho, era incrédula, hasta el día de hoy. Nunca supe las consecuencias de lo que esto podría traer, es más, sólo jugué por diversión. Todo cambió hace exactamente siete horas; primero se comenzaron a escuchar ruidos extraños, como si alguien pateara todas las paredes  de esta casa; luego, habían llantos y gritos desesperados. Llamé a mis amigos para ir a investigar, entonces me contestó su madre y me dijo algo horrible: “Ayer habían tenido un accidente y estaban gravemente hospitalizados, con riesgo vital”…

      Estaba muy asustada, pero decidí entrar. Observé bien a la muñeca y supe que estaba poseída, ella era malvada. Los días pasaron y la casa cambió. Todo era como antes, mis amigos murieron; pero yo sobreviví, y ya no jugué nunca más…

Scarleth Sepúlveda

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