Teníamos
miedo, sabíamos que la bruja nos iba a matar; sin embargo, logramos apuñalarla
y quemarla viva.
Todo comenzó cuando nuestra malvada madrastra
dijo que no sobreviviríamos los cuatro con el sueldo de mi padre ganaba, y no
se le ocurrió nada mejor que deshacerse de nosotros enviándonos al bosque. Mi
padre la amaba, entonces, le hizo caso. Nos acompañó al bosque…Yo tenía muchas
dudas, pero él se mantenía en silencio. Con mi hermano no sabíamos lo que
pasaba, nos preguntábamos: “¿Por qué nos abandonó?, ¿Tanto amaba a esa horrible
mujer, como para hacerle caso?”…
Estábamos solos, con mucha hambre y decidimos
explorar el bosque. Encontramos una hermosa y deliciosa casita de dulces.
Hansel estaba atontado, lo único que quería era devorarse esa casa, lo detuve y
le dije que esperáramos un poco; ya que era muy sospechoso que hubiera una casa
de dulces en medio del bosque. La observamos por un instante y entramos. Iba a
dar el primer mordisco y apareció una señora… ¡Era muy fea!, su cara tenía un
aspecto horroroso. Sus ojos eran negros; su pelo gris, se notaba que estaba muy
sucio; y su cara, llena de verrugas, tenía un color verde. Nos dijo que
comiéramos todo lo que quisiéramos, con un tono muy malvado.
Pasaron los días y aquella vieja se había
puesto de muy mal humor, nos trataba mal y nos hablaba con groserías. Hasta que
nos dijo que nos iba a comer. En ese mismo instante, traté de levantarme, ya
que estaba muy gorda igual que Hansel; tomé un cuchillo y se lo clavé en la
espalda, luego, Hansel tomó un hacha y le partió la cabeza…Para que no
encontraran el cadáver la encerramos en su estufa y la quemamos.
Hansel y yo corrimos, no nos sentíamos
culpables; nos encontramos con un pueblito y una casa, era muy similar a la de
nosotros, un rato después nos dimos cuenta de que: ¡Era nuestra casa! Teníamos
mucha rabia. Entramos, ahí estaba nuestra madrastra, muy sorprendida, pensaba
que estábamos muertos. Sin pensarlo dos veces, Hansel y yo tomamos las
escopetas que allí se encontraban y… ¡pum!, la malvada madrastra cayó muerta
con dos tiros en su frente. Mi padre ya había muerto, ella lo había matado, así
que decidimos tirar al pozo sus cadáveres…
Hoy ya somos adultos, no nos persiguen los
recuerdos, ni sentimos culpa; es más, si pudiera mataría una y mil veces más.

