miércoles, 30 de abril de 2014

Hansel y Gretel

Teníamos miedo, sabíamos que la bruja nos iba a matar; sin embargo, logramos apuñalarla y quemarla viva.
  Todo comenzó cuando nuestra malvada madrastra dijo que no sobreviviríamos los cuatro con el sueldo de mi padre ganaba, y no se le ocurrió nada mejor que deshacerse de nosotros enviándonos al bosque. Mi padre la amaba, entonces, le hizo caso. Nos acompañó al bosque…Yo tenía muchas dudas, pero él se mantenía en silencio. Con mi hermano no sabíamos lo que pasaba, nos preguntábamos: “¿Por qué nos abandonó?, ¿Tanto amaba a esa horrible mujer, como para hacerle caso?”…
  Estábamos solos, con mucha hambre y decidimos explorar el bosque. Encontramos una hermosa y deliciosa casita de dulces. Hansel estaba atontado, lo único que quería era devorarse esa casa, lo detuve y le dije que esperáramos un poco; ya que era muy sospechoso que hubiera una casa de dulces en medio del bosque. La observamos por un instante y entramos. Iba a dar el primer mordisco y apareció una señora… ¡Era muy fea!, su cara tenía un aspecto horroroso. Sus ojos eran negros; su pelo gris, se notaba que estaba muy sucio; y su cara, llena de verrugas, tenía un color verde. Nos dijo que comiéramos todo lo que quisiéramos, con un tono muy malvado.
  Pasaron los días y aquella vieja se había puesto de muy mal humor, nos trataba mal y nos hablaba con groserías. Hasta que nos dijo que nos iba a comer. En ese mismo instante, traté de levantarme, ya que estaba muy gorda igual que Hansel; tomé un cuchillo y se lo clavé en la espalda, luego, Hansel tomó un hacha y le partió la cabeza…Para que no encontraran el cadáver la encerramos en su estufa y la quemamos.
  Hansel y yo corrimos, no nos sentíamos culpables; nos encontramos con un pueblito y una casa, era muy similar a la de nosotros, un rato después nos dimos cuenta de que: ¡Era nuestra casa! Teníamos mucha rabia. Entramos, ahí estaba nuestra madrastra, muy sorprendida, pensaba que estábamos muertos. Sin pensarlo dos veces, Hansel y yo tomamos las escopetas que allí se encontraban y… ¡pum!, la malvada madrastra cayó muerta con dos tiros en su frente. Mi padre ya había muerto, ella lo había matado, así que decidimos tirar al pozo sus cadáveres…

  Hoy ya somos adultos, no nos persiguen los recuerdos, ni sentimos culpa; es más, si pudiera mataría una y mil veces más.

LA OUIJA

      Teníamos miedo… estaba muy aterrorizada, no sabía qué hacer; entonces, me armé de valor y entré a esa pieza. Estaba rayada, no sé si era sangre o pintura roja, pero aun así tenía un olor raro; como a carne podrida. Me dieron ganas de vomitar, comencé a revisar y ahí estaba. Tenía los ojos arrancados, su pelo marrón estaba arañado y su cuerpo estaba intacto; aunque manchado por la supuesta pintura o sangre que tenía. Pensé en recogerla, pero la muñeca sentía odio y repulsión hacia mí, lo noté en su mirada, así que quedé parada al frente de ella. Estaba poseída.  No la entendía, entonces reflexioné y recordé que días antes había estado jugando a la ouija con unos amigos en aquella casa solitaria.
      Soy, o mejor dicho, era incrédula, hasta el día de hoy. Nunca supe las consecuencias de lo que esto podría traer, es más, sólo jugué por diversión. Todo cambió hace exactamente siete horas; primero se comenzaron a escuchar ruidos extraños, como si alguien pateara todas las paredes  de esta casa; luego, habían llantos y gritos desesperados. Llamé a mis amigos para ir a investigar, entonces me contestó su madre y me dijo algo horrible: “Ayer habían tenido un accidente y estaban gravemente hospitalizados, con riesgo vital”…

      Estaba muy asustada, pero decidí entrar. Observé bien a la muñeca y supe que estaba poseída, ella era malvada. Los días pasaron y la casa cambió. Todo era como antes, mis amigos murieron; pero yo sobreviví, y ya no jugué nunca más…

Scarleth Sepúlveda